
Para Zemelman, como para otros estudiosos, los nuevos sujetos sociales son producto y productores de nuevas realidades, lo cual trae consigo un problema epistemológico respecto a su estudio. Ante ello Zemelman propone romper con los parámetros epistemológicos y recuperar al sujeto histórico. Dicha propuesta la fundamenta diciendo “toda idea tiene una raíz histórica”, poniendo en claro que lo que mueve a los sujetos solo puede ser entendido desde su contexto histórico.
Con sus planteamientos Zemelman revalora la importancia de la historia, entendiendo a ésta no sólo como acontecimientos pasados, si no como el propio presente, ya que para él es esencial tener en cuenta que el sujeto construye desde lo que acontece, desde su cotidianidad. De este modo tenemos una nueva concepción de la historia, como “una sucesión de construcciones del presente”. Esta idea, la cual se puede exponer de forma fácil, implica una compleja concepción de la realidad, pues pone en claro la importancia del sujeto, de su acción y del poder que tiene éste para autoconstruirse. Así debe de visualizarse el sujeto según Zemelman, en la cotidianidad, ya que los cambios que este genera están aquí, en el presente, de lo contrario, se tiene grandes repercusiones en el sustento teórico, ejemplo de ello es cuando Zemelman afirma: “se han hechos gran variedad de predicciones sobre el futuro, pero todas ellas sin sujeto”

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