lunes, junio 06, 2011

El sujeto desde Foucault...



1.- Reflexión sobre los planteamientos de Foucault sobre el sujeto, el poder y las posibilidades que da para la investigación.
El término poder resulta ser un concepto indispensable en los trabajos de Michel Foucault y en sus bastas aportaciones a las ciencias sociales, ya que la definición que le asigna propone una nueva manera de concebir la acción del sujeto, así como la misma organización social. Para Foucault el poder parece ser omnipresente en la vida cotidiana, un hecho que se ejerce de una manera global y totalizante, pero que a la vez no tiene una posición real sino que se manifiesta en toda acción donde existe una jerarquía, control, vigilancia, prohibiciones o coacciones, de una manera continua, creando la realidad.
“Para Foucault, el poder no es algo que posee la clase dominante; postula que no es una propiedad si no que es una estrategia. Es decir, el poder no se posee, se ejerce. En tal sentido, sus efectos no son atribuibles a una apropiación sino a ciertos dispositivos que le permiten funcionar plenamente. Pero además, postula que el estado no es de ninguna manera, el lugar privilegiado del poder sino que es un efecto de conjunto (...) En cambio sostiene que “el poder produce a través de una transformación técnica de los individuos (...) el poder produce lo real””. ( Ávila – Fuenmayor, 2007: 9)
De este modo es importante desligarse de la idea de que el poder se encuentra únicamente en el Estado y la su principal función es la de reprimir, ya que para Foucault el poder se ejerce en una dirección concreta: los que lo tienen sobre los que no lo tienen, considerando que a aquellos que lo tienen se ubican en distintas áreas de la vida cotidiana.
“Para no engañarnos a nosotros mismos, si hablamos de las estructuras o los mecanismos de poder, es sólo en tanto suponemos que ciertas personas ejercen el poder sobre otros. El término poder designa los relacionamientos entre “compañeros”((...) en un entramado de acciones que introducen a otras acciones y que se concatenan entre sí.)” (Foucault, 1988:9)
Ante ello, lo que permite que el poder se sostenga no es sólo porque exista en potencia como prohibición, sino porque produce cosas, induce al placer, crea, sabe, promulga. De esta forma los dispositivos de poder son creadores y generadores de la realidad, una red productiva que pasa por el cuerpo social imponiendo verdades, saberes y reglas.
“Es así como Foucault traslada su mirada no ya a los discursos, si no a las distintas formas de dominio del hombre sobre el hombre, indicando como verdad, saber y poder están íntimamente relacionados. Es aquí donde nosotros observamos una analogía con los paradigmas que se han impuesto en el mundo porque ha habido un poder que los ha instaurado y los ha mantenido vigente hasta que ese poder se desintegra por la sustitución de un poder por otro, en el que ahora hay nuevos protagonistas y por tanto nuevas formas de pensar y de actuar.” ( Ávila – Fuenmayor, 2007: 9)
Retomando lo anterior y considerando que el poder implica la imposición de paradigmas de pensamiento y acción, o más bien llamadas condiciones impuestas, resulta adecuado mencionar al sujeto como aquel que rompe con dichos paradigmas y realiza acciones sobre sí mismo, sobre su cuerpo, sus pensamientos y conductas, de modo que se transforma a sí mismo. El sujeto crea formas de resistencia e intentos para disociar las relaciones de poder, que en muchos casos son concretizados en la lucha.
Son luchas que cuestionan el status del individuo: por un lado, afirman el derecho a ser diferentes y subrayan todo lo que hace a los individuos verdaderamente individuos. Por un lado, atacan a todo lo que separa a los individuos entre ellos, lo que rompe los lazos con otros, lo que rompe la vida comunitaria, y fuerza al individuo a volver a sí mismo y lo ata a su propia identidad de forma constrictiva.” (Foucault, 1988 :6)
Esta lucha es una forma de poder que emerge en la vida cotidiana, una forma como el sujeto se subjetiviza y marca su propia individualidad, rompiendo con saberes, poderes y reglas, sujetándose de sí mismo.
Hay dos significados de la palabra sujeto; sujeto a otro por control y dependencia, y sujeto como constreñido a su propia identidad, a la conciencia y a su propio autoconocimiento. Ambos significados sugieren una forma de poder que sojuzga y constituye al sujeto.” (Foucault,1988:7)
Partiendo de dicho planteamiento que explica la compleja relación entre el sujeto y el poder ¿qué posibilidades de investigación ofrece Foucault desde su lógica?
Para dicho autor es indispensable poner en claro el papel del intelectual, pues explica que en la actualidad los intelectuales se han dado cuenta al visualizar las luchas sociales, que las masas no necesitan de ellos para lograr ser concientes de su propia realidad. Sin embargo los dispositivos de poder invalidan el poder del aprendizaje cotidiano.
“El papel del intelectual ya no consiste en colocarse “un poco delante o al lado” para decir la verdad muda de todos; más bien consiste en luchar contra las formas de poder allí donde es a la vez su objeto e instrumento: en el orden del “saber”, de la “verdad”, de la “conciencia”, del “discurso”. Por ello, la teoría no expresará, no traducirá, no aplicará una práctica, es una práctica. Pero local y regional, como tú dices: no totalizadora. Lucha contra el poder, lucha para hacerlo desaparecer y herirlo allí donde es más invisible y más insidioso...” (Foucault, 1987, 9-10)
Así Foucault plantea que la teoría es una caja de herramientas que tiene que servir y no ser para sí misma. En el campo práctico: el intelectual no es digno de hablar por los otros, esto exige que la gente involucrada hable por su propia cuenta, reconociendo el poder de su propia palabra .
“La importancia de mirar la teoría como caja de herramientas radica en el reconocimiento de que saberes y poderes se relacionan tanto como se distancian entre si, es decir, que entre ellos no existe una relación de identidad o una mecánica de las equivalencias. (Ibarra, 2001: 329)

Foucault ofrece la posibilidad de entender la investigación como una forma de lucha, de acción, en la cual lo central no es cambiar la conciencia de aquellos que se estudian, si no luchar por cambiar la producción institucional y hegemónica de la verdad y el saber. Para dicho autor nuestro debate se sitúa en el cuestionamiento de la “normalidad”, y en el reconocimiento de distinto, lo múltiple y lo disperso.


2.- Una forma en la que los sujetos se enfrentar a los discursos de poder
Tratando de concretizar haciendo mención de un dispositivo de poder el cual los sujetos transgreden o aceptan en su cotidianidad, resulta adecuado mencionar la relación entre el cuerpo, la sexualidad y el poder, considerando la importancia que destino Foucault a dichos elementos en su estudio de las relaciones de dominación.
“...el sexo ha sido siempre el núcleo donde se anuda, a la vez que el devenir de nuestra especie, nuestra “verdad” de sujetos humanos” [Foucault, 2000b: 147].
Si retomamos como referencia las llamadas por el autor experiencias fundamentales de la modernidad, encontramos entre ellas la experiencia del placer sexual y la reproducción. Cuando el poder se refiere a dicha experiencia lo que encontramos es una “verdad” que habla del cuerpo como un dispositivo para la reproducción, descalificando el erotismo y el placer. De esta forma tener el control de la vida sexual de los individuos facilita el control de las condiciones impuestas.
Este dispositivo de poder se sostiene y fortalece en la reglamentación de la moral y la idea impuesta de “normalidad”. Dichos elementos, íntimamente ligados al discurso religioso, establecen las pautas de ser y actuar del cuerpo mismo definiendo toda la dinámica social en el ámbito económico, político, cultural, etc.
Comprende relaciones que persiguen incidir en el control del hombre-cuerpo considerado como máquina, con la habilidad de potenciar sus capacidades y de conducir su conducta: de ahí su denominación como anatomopolítica del cuerpo humano , es decir, como cuerpo útil e inteligible (Foucault, 198313, 1987a).
Como lo establece Foucault el cuerpo es el territorio del poder como encierro y como disciplina. Pero a la vez dicho territorio se convierte en el campo de empoderamiento y liberación de los sujetos, pues al ser concientes de la distancia que el poder ha impuesto entre sus mismos cuerpos y su subjetividad, han de emprender una lucha por recobrarlos y actuar sobre sí mismos.
“(...) He pretendido estudiar los modos en que los seres humanos se transforman a sí mismos en sujetos. Por ejemplo he elegido el dominio de la sexualidad : como los hombres han aprendido a reconocerse a sí mismos como sujetos de la “sexualidad”. (Foucault , 1988:3)
3.- Manifestación del poder y la respuesta de los sujetos
Al hablar del control del cuerpo por medio de dispositivos de poder es necesarios especificar como y en quien se concretiza dicho posicionamiento. Anteriormente mencionamos a la moral como una de dichas manifestaciones, al igual que el discurso religioso, pero siendo aún más específicos, en este caso hemos de visualiza el poder en el discurso cristiano, o llamado por Foucault el poder pastoral. Dicho poder discursivo implica una gran habilidad de control, ya que prohíbe el encantamiento de la carne, o en otras palabras el placer del cuerpo, dando por hecho que el quebrantamiento de dicha regla trae consigo un fin desastroso, la condenación.
“Esta forma de poder esta orientada a la salvación (como opuesta al poder político). Esta es oblativa (opuesta al principio de soberanía), es individualizante (opuesta al poder legal); es coextensiva y continua a la vida , esta ligada a la producción de la verdad, la verdad del individuo en sí mismo.” (Foucault, 1988 :9)
Como lo plantea Foucault el poder pastoral es un poder hábil y sigiloso, cuyas “verdades” han impactado en una gran medida la historia de la sexualidad. De esta modo aún en la actualidad la idea del cuerpo como un medio, para la reproducción, el trabajo caritativo y para la salvación, se manifiesta en el rechazo y exclusión de todos aquellos que corrompen dicho postulado.
Los sujetos quienes viven en resistencia a dicha concepción del cuerpo son aquellos que se oponen a la idea de vivir la sexualidad con el fin de la reproducción, y no del placer, la libertad y el erotismo. La historia de la dominación del cuerpo ha posicionado en esta lucha más que nada a mujeres y homosexuales. El mito de la virginidad y de la sexualidad femenina para los otros coloca a las mujeres que se le contraponen en una lucha que descalifica el ser cuerpo para servir y para reproducir y se posiciona en una búsqueda de un cuerpo libre cuyas acciones se acerquen a la libertad y a la creación de sí mismas.
Del mismo modo aquellos hombres que se contraponen a las “verdades” que establecen la heterosexualidad como correcta y necesaria, se descubren en una lucha contra aquel poder que descalifica su vivencia y expresión corporal y sexual distinta.
“Finalmente todas estas luchas giran en torno a la pregunta: “¿Quiénes somos nosotros?” son un rechazo a las abstracciones de la violencia económica e ideológica, que ignora quienes somos individualmente como también son un rechazo a la inquisición científica y administrativa que determina quien es uno.” (Foucault, 1988 :7)
4.- El indígena desde una perspectiva Foucultiana.
Las aportaciones conceptuales de Michel Foucault resultan enriquecedoras cuando se trata del estudio de dispositivos de poder en contraposición a colectividades en resistencia. En este sentido investigaciones que abordan la problemática indígena en los ámbitos educativos, laborales, sociales, políticos, entre otros, encuentran en el estudio del poder desde la perspectiva de Foucault, en particular haciendo uso del estudio del biopoder, una enriquecedora postura.
Si bien partimos de la idea de un sistema de prejuicios raciales establecidos como “verdades” por el grupo en el poder. Dicha estereotipación fundamenta su discurso en la creencia de una jerarquía biológica, que en el caso particular de la realidad indígena se manifiesta en el racismo y la discriminación.
Foucault establece que el racismo emerge en la manera que el ejercicio del poder toma en cuenta la vida de los seres humanos, es decir, la producción de una suerte de estandarización de lo biológico. Para ello estableció el concepto de biopoder, el cual hace referencia al poder que ejerce mecanismos de control sobre la especie humana en su conjunto y busca regularizar sus funciones. Para Foucault el racismo se encuentra en el surgimiento del biopoder, y se convierte en una de los mecanismos elementales de control, para establecer quienes son los enemigos externos y someter a la propia población.
“El racismo, visto desde esta perspectiva, es la producción de rupturas en el continuum biológico de la especie humana, una forma de fragmentar ese campo biológico que el poder ha tomado a su cargo y de constituir, al interior de la población, grupos enfrentados unos en relación con otros, de establecer entre ellos quiebres de tipo biológico que serán las razas”. (García Canal, 2004: 23)
La idea de la existencia de una jerarquía natural o biológica da muestra de que el racismo es un fenómeno que surge de la misma idea universal del ser humano. Desde esta perspectiva universal se desplaza hacia lo inhumano a razas, etnias, culturas que son distintas al grupo en el poder. Se normaliza el hecho de encasillar en la categoría de “anormal” a quienes son inferiores en el orden social.
El racismo no sólo se manifiesta en las concepciones de inferioridad y la exclusión, si no que conforma una serie de cristalizaciones imaginarias que dotan de un conjunto de atributos a los “otros” relacionándolos con estereotipos de maldad y perversidad, de modo que se justifican los tratos más crueles, e incluso el genocidio. Esto se explica con la fórmula del biopoder llevada al extremo: hacer vivir o dejar morir. Ya que el poder debe ser normalizado, mediante el racismo se encontró la máxima expresión de los mecanismos de disciplina y dominio, teniendo el poder de garantizar el derecho a la vida.
“Foucault despliega una interpretación alternativa de las relaciones entre poder, sexo y verdad, en el curso de la cual introduce el tema de la biopolítica y del biopoder. Éste último se constituiría como poder sobre la vida (por ejemplo las políticas de sexualidad), pero también como poder sobre la muerte (el racismo moderno). Se trataría, en última instancia, de la estatización de la vida, considerada en términos biológicos.”
Hablar del biopoder como un poder sobre la vida y la muerte no se encuentra alejado de las constates injusticias y violaciones de sus derechos que sufre la población indígena. La peligrosa relación que se crea entre la verdad y el poder ha condenado la reputación de dichos grupos ante la constante creación de “saberes” y “verdades” que los descalifican ante el pensamiento global. Pero del mismo modo es en el campo del poder donde el indígena se construye y se conoce a sí mismo, rompe con las falsas verdades y con la idea de la “normalidad” para escribir su propia historia.
FUENTES:
Michel Foucault, Un diálogo sobre el poder, Ed. Alianza, Madrid España, 1987, pp. 7-146
Michel Foucault, El sujeto y el poder, Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, 1988.
Francisco Ávila- Fuenmayor, El concepto de poder en Michel Foucault, A parte Rei, Revista de Filosofía, No. 53, septiembre 2007.
Eduardo Ibarra Colorado, Foucault, gubernamentalidad y organización: una lectura de la triple problematización del sujeto, Iztapalapa 50, enero-junio 2011, pp. 321 – 358.

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