
viernes, diciembre 11, 2009
viernes, diciembre 04, 2009
häBläNdÔ SÔbRë Zizek
Zizek: ¿Pesimismo o una propuesta distinta?
En un autor tan peculiar como Slavoj Zizek podremos encontrar en sus ideas, escritas o habladas, al marxismo y al psicoanálisis unidos de las formas más inesperadas. La teoría que ha generado dicho autor, tan actual y polémico, ha sido removida de una serie de aspectos de la cultura popular de nuestros días, como el cine, o el internet al cual llama el “masturmodromo”, ya que afirma, por medio de él las personas construyen una serie de relaciones estando solas, viéndose reflejadas en una pantalla, intercambiando sentimientos y experiencias consigo mismas.
Al igual que el psicoanalista francés Lacan, Zizek coloca a lo subjetivo en tres registros de la conducta relacionados entre sí: Lo Real, Lo Imaginario y Lo simbólico. Lo Real para ZiZek no es realidad, si no hasta el momento en que le damos sentido con simbolismos, es aquello que construimos simbólicamente y que de no ser así quedaría un vacío que dejaría a la vida incompleta e inconsciente. Lo Simbólico es una construcción cultural que se logra en el momento que se adquiere el lenguaje, haciéndolo mutuamente relacional. El lenguaje obtiene sentido cuando se es dirigido a los otros, del contrario no lo tiene, del mismo modo las actitudes son simbólicas, su sentido existe cuando obtienen una respuesta de los demás que alimenta su simbolismo: “Te hace autoridad el que los otros te reconozcan como tal, si los otros no se comportan ante ti como tus súbditos tu autoridad sólo tiene un mandato simbólico”. Lo imaginario se encuentra situado al nivel de la relación con el sujeto mismo, es aquello que va más allá del lenguaje, como objetos de deseo que no podemos explicar. Es como una fantasía fundamental inaccesible a nuestra experiencia física, cuyo discurso se localiza en lo simbólico y a veces se ve reflejado en nuestros errores.
Una idea con la que Zizek destruye propuestas anteriores en el marxismo sobre una posible sociedad sin clases ni explotación, es aquella en la que afirma que “las contradicciones siempre han de existir, son parte de la sociedad”. Para Zizek los antagonismos son necesarios, son parte de la naturaleza humana y es gracias a las confrontaciones que la sociedad avanza históricamente. Como psicoanalista afirma que los sujetos estamos conformados de contradicciones, no sólo de manera externa hacia la sociedad, si no dentro de nosotros mismos. Para muchos puede sonar pesimista el pensamiento de Zizek al decir que “existen contradicciones que ya no se pueden deshacer y tenemos que aprender a vivir con ellas”. La confrontaciones son parte de los seres humanos y los ideales que nos hemos construido son para negarlas, éstas están ocultas bajo una cultura que nos muestra un mundo sin ellas.
La ilusión en Zizek es aquello que estructura la realidad y nos impide ver las contradicciones del mundo, es una fantasía que cubre lo real, al mismo tiempo que estructura el orden social y sirve para dar respuesta a nuestros miedos. Dicho término esta íntimamente ligado con el de ideología, que Zizek describe como “el sueño que elegimos vivir para huir de la realidad” La ideología es una fantasía que sostiene nuestra realidad, que nos ayuda a cubrir aquello que no soportamos del mundo. Nuestro mundo es pura ideología, afirma el autor, es aquello que disfraza los antagonismos que vivimos, esta división social que nos simboliza.
Zizek retoma al materialismo dialéctico cuando habla de las contradicciones y de ello plantea el término de paralaje. El paralaje hace referencia a la composición compleja del ser humano, formada tanto de un paraje bueno, como de un paraje malo, los cuales van y funcionan juntos. Zizek afirma que, no es que las acciones del ser humano estén bien o estén mal, si no que son resultados históricos.
Por último, es interesante la propuesta que Zizek plantea respecto a este mundo de contradicciones ocultas. Como se menciona anteriormente, para el autor las contradicciones están presentes en la sociedad porque son parte de nosotros como seres humanos y todo aquello que vivimos en la misma cotidianidad tiende a ocultar dichas contradicciones. Esto nos podría hacer pensar que entonces es imposible lograr un cambio, ya que las confrontaciones que existe en nuestra sociedad son parte de nuestra naturaleza, pero por el contrario Zizek nos dice que la lucha por un mundo mejor es válida. El creer que puede haber una mejor sociedad, más justa, es aquello que caracteriza al sujeto revolucionario, pero, advierte el autor, dicha lucha debe estar presente en nuestra vida diaria, por que es en la cotidianidad donde se encuentran las confrontaciones de clase. Nuestra única alternativa es confrontar lo que no soportamos de esta realidad, no debemos de seguir ocultándolo y evadiéndolo con un sueño, si no aquello que descubrimos como contradictorio es contra lo que debemos de luchar. Esta es una nueva alternativa de lucha, la lucha individual, donde cada uno debe de descubrir aquello que nos es insoportable, descubrirlo y confrontarlo en nuestra vida diaria. Así cada sujeto tiene sus luchas, no solo a lo externo, si no consigo mismo, pero dicha lucha es permanente porque no olvidemos que las contradicciones también lo son.
häBläNdÔ SÔbRë Althusser

Louis Althusser fue uno más de los autores influidos por el marxismo que destacaron durante el siglo XX. A pesar de haber sido católico militante una gran parte de su vida y proceder de una familia de pequeños burgueses, finalmente, influenciado por la Guerra Civil Española, la guerra contra el fascismo y el Frente Popular, término como profesor de filosofía y como miembro del Partido Comunista. No obstante, Althusser afirmaba que el socialismo en los países socialistas era un sistema disfuncional, debido a las contradicciones y deficiencias que observaba. Para él la revolución y la política eran como saber tocar el piano, tal como lo afirmaba Mao, se trataba de improvisar libremente, aprendiendo de manera autodidacta o con profesores, no en conservatorios, y había que formarse en la práctica. De este modo expresaba la importancia que le atribuía a la relación teoría y práctica.
La más grande aportación de Althusser fue su concepto de Aparatos ideológicos de Estado, los cuales tienen la función de mantener en pie el sistema de explotación por medio de la producción y reproducción de la ideología dominante, así como por la represión y la violencia. A partir de ello el término de ideología va ser indispensable en la teoría de Althusser, ya que para él guarda una estrecha relación con las relaciones de producción.
En el marxismo ortodoxo se afirmaba que la infraestructura, o sea las relaciones de producción, determina a la superestructura, o ideología, lo cual fue retomado por Althusser. Pero para el autor surge la inquietud de describir como es que surge dicha determinación, y a partir de ello es que afirma que la superestructura responde o funciona de acuerdo a la situación en la que se encuentran las relaciones de producción, o la infraestructura, logrando su relación en la reproducción. Cuando Althusser habla de reproducción, hace referencia a una reproducción histórica o ideológica, así como a una reproducción biológica de la mano de obra de la clase obrera. De esta manera funciona y se perpetua la sociedad de clases, gracias a una ideología dominante que sostiene a las relaciones de producción y explotación, y actúa de acuerdo a sus cambios y necesidades, produciendo y reproduciendo un discurso que mantiene sometida a la clase proletaria, y en un constante crecimiento de su población.
Pero ¿cómo se logra dicha producción y reproducción ideológica de que sostiene las relaciones de producción? Es por ello que Althusser habla de los Aparatos Ideológicos de Estado, cuya función es lograr la reproducción y mantener a la clase dominante en el poder, fabricando un discurso ideológico para las clases oprimidas, diciéndoles que pensar, que decir, como actuar. Dicha tarea la realizan por medio de la represión y la violencia, las cuales no siempre se manifiestan físicamente. Althusser hace una distinción entre los distintos Aparatos ideológicos de Estado, primero se encuentra los burgueses, quienes tienen el poder y por ello tienen en sus manos el Estado, son dueños del capital y son los principales interesados en sostener las relaciones de producción. Los funcionarios ideológicos son aquellos que reproducen y transmiten la ideología dominante por medio de la represión psicológica u otras formas de violencia no física, como la Iglesia o los tribunales, sacerdotes y profesores. Los agentes represores son aquellos que ejecutan, reprimen y someten bajo la fuerza y la violencia física, como lo son el ejercito y la policía. Dichos aparatos ideológicos son relativamente autónomos, guardando siempre poca o mucha relación, e incluso pueden llegar a tener choques entre sí.
Para Althusser el aparato ideológico de estado por excelencia es la escuela, ya que para la clase poderosa es el momento clave para empezar a formar a los obreros que se requieren como fuerza de trabajo. En la escuela se reproducen las condiciones de explotación, ya que se le enseña al niño a adaptarse a una disciplina, a obedecer sin protestar, a ser inferior en una jerarquía. Althusser afirma que la escuela concurre al sometimiento, al mismo tiempo que genera ideología de clase y enseña a los alumnos desde temprana edad, a ser calificados y a competir , todo esto sin ser notado y concientizado por los sujetos involucrados en la reproducción ideológica.
Sin embargo, a pesar de ser el primer espacio donde se reproduce la ideología dominante y se prepara a la clase proletaria para ser la clase explotada, la escuela también puede llegar a ser un lugar en el que se generen otras alternativas de pensamiento, otras ideologías contrarias a la ideología dominante, e incluso puede brindar un foro para la organización y la convocatoria a la lucha contra el poder. Tal es el caso de la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional, entre otras escuelas, en 1968, donde los estudiantes y la clase oprimida encontraron un espacio para organizarse y manifestarse en contra de los Aparatos Ideológicos de Estado.
“El movimiento estudiantil de 1968 será precisamente el anunciador de la decadencia del régimen político y del advenimiento de una sociedad en profunda y acelerada mutación. Sus reivindicaciones de legalidad, justicia y libertad; sus prácticas democráticas intuitivas; el despliegue de su creatividad y sus capacidades comunicativas; su autonomía; su arrojo; su acelerada politización politizante, atacarán como un ácido corrosivo la lógica despótica del poder presidencial”. (Arturo Anguiano, 2008)
En 1968 México se encontraba bajo el dominio absoluto, incuestionable y ostentoso del Estado, con Gustavo Díaz Ordaz como presidente, un extremo tradicionalista y anticomunista, la clase poderosa se veía asentada en el milagro del desarrollo estabilizador y buscaba el reconocimiento internacional organizando las primeras Olimpiadas en un país de América Latina. En este momento el funcionamiento y coordinación de los Aparatos Ideológicos de Estado era impecable, su represión y control se filtraba incluso hasta las organizaciones de obreros y campesinos, impidiendo el más mínimo brote de rebeldía. Pero los hechos ocurridos el 23 de julio en la preparatoria del IPN, cuando al final de un pleito estudiantil, agentes represores irrumpieron golpeando de forma indiscriminada y sin sentido a alumnos y profesores, dieron inicio a la organización de un verdadero movimiento estudiantil que no callaría más la represión de la época y que junto con otros sectores de la población iniciarían distintos agrupamientos y movilizaciones contra el Estado.
“Al irrumpir en la escena nacional, el movimiento estudiantil fue recuperando el espacio público, asumiendo, en la práctica, a la ciudad toda como un campo abierto a la acción y comunicación políticas. Los espacios laborales, de enseñanza, de habitación, de encuentro circunstancial, comenzaron a vivirse entonces en cuanto a lugares de convivencia, de diálogo, esto es, como espacios de la política. Sorprende la forma como la gente, los más diversos núcleos y agrupamientos sociales, fue involucrándose de mil maneras con el movimiento, el cual logró su comprensión, su solidaridad, su complicidad, en un ambiente en el que los medios de comunicación mantenían desde siempre rasgos totalitarios, sometidos a la censura estatal y la autocensura cotidiana, convenenciera, al servicio de la guerra fría, la Iglesia Católica y el régimen despótico”. (Arturo Anguiano, 2008)
Para el gobierno y la clase burguesa la manifestación y peticiones de los estudiantes y la población que se sumo al movimiento, eran incomprensibles, para el Estado dicha movilización se explicaba como producto de fuerzas extrañas, subversivas, de corte comunista y extranjero, dirigidas a los estudiantes para deshabilitar al país y sabotear las Olimpiadas. Finalmente por este u otros motivos, los Aparatos Ideológicos de Estado, entre ellos autoridades del Ejercito y fuerzas policíacas, funcionarios gubernamentales e incluso autoridades eclesiásticas, elaboraron un “un plan de agitación y subversión perfectamente planeado”, el cual acabaría como masacre.
Así el 2 de octubre de 1968 se convirtió en una clara manifestación de la represión y violencia del Estado, de la función desgarradora de sus aparatos ideológicos. Los medios de comunicación se volvieron cómplices de la masacre al maquillar y ocultar los verdaderos hechos ocurridos en Tlatelolco. El movimiento estudiantil fue una amenaza para la clase dominante, al despreciar y desenmascarar su ideología, fue una ruptura de la constante reproducción que mantiene latentes las relaciones de explotación, descubrió libertades, mostró la posibilidad de vivir la política de forma democrática e igualitaria. Pero con la misma intensidad que evoluciono y creció el movimiento, fue apagado y desmantelado.
“La revuelta estudiantil de 1968 en México se identifica, en el mundo, por la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Más de diez mil soldados y policías realizaron una operación militar de cerco y acorralamiento, planeada desde la Presidencia de la República, contra un mitin pacífico de alrededor de seis mil personas (...) Helicópteros, oficiales encubiertos pertenecientes al Batallón Olimpia, agentes policíacos, soldados, tanques, dispararon armas de alto poder contra la multitud indefensa en un operativo que pretendió justificarse como un enfrentamiento inesperado. Sin embargo, representó un premeditado crimen de Estado, organizado hasta en sus mínimos detalles”. (Arturo Anguiano, 2008)
Actualmente, después de 41 años de la masacre del 2 de octubre, dicho crimen de Estado no ha sido juzgado, entre otros muchos, donde los agentes represores, militares y policías, justificándose a sí mismo por su ventajosa condición y su poder, han violado los derechos humanos de miles de personas, han asesinado y masacrado sin ninguna culpa, ya que al estar al servicio del Estado cuentan con su protección y solapamiento. A través de la historia la ideología dominante que nos es transmitida se ha encargado de justificar y ocultar los abusos, la represión, la explotación, y gracias a su reproducción su función ha sido exitosa. Es necesario que empecemos a cuestionarnos de que manera somos participes en dicha reproducción ideológica, de donde proviene y como quiere que actuemos y pensemos. Althusser afirma que no hay sujetos sin ideología, ya que gracias a ella nos explicamos y nos vinculamos a la sociedad, la ideología nos convierte en sujetos. ¿Qué clase de sujetos queremos ser entonces?, ¿Qué clase de ideología es necesario empezar a construir?
lunes, noviembre 30, 2009
häBläNdÔ SÔbRë Marcuse
Marcuse y una Libertad Falsa
Herbert Marcuse en su Teoría Crítica plantea que la sociedad, esta sociedad industrial avanzada, se mueve y funciona gracias a la racionalidad técnica, racionalidad cuya importancia central es la producción, hombres que sepan producir, dónde se suprime la individualidad en el proceso de mecanización.. Para Marcuse dicha lógica, nos lleva a la destrucción de la naturaleza, de la misma humanidad, ya que controla a tal grado a la sociedad que vuelve a los hombres unidimensionales.
“Esta sociedad es irracional como totalidad. Su productividad destruye el libre desarrollo de las necesidades y facultades humanas, su paz se mantiene mediante la constante amenaza de guerra, su crecimiento depende de la represión de las verdaderas posibilidades de pacificar la lucha por la existencia en el campo individual, nacional e internacional.” (Marcuse, 1968:12)
Por medio de la racionalidad tecnológica el progreso técnico se extiende hasta el punto de ser un sistema de dominación y coordinación que le ofrece a la sociedad distintas formas de vida que derrotan a todo aquel que se opone al sistema, ya que la supuesta libertad que ofrece mantiene inmersos a los sujetos en comodidades y anhelos que les impiden ser concientes de su condición y darse cuenta que en realidad no son libres.
“Una ausencia de libertad cómoda, suave, razonable y democrática, señal del progreso técnico, prevalece en la civilización industrial avanzada.(...) Los derechos y libertades que fueron factores vitales en los orígenes y etapas tempranas de la sociedad industrial se debilitan en una etapa más alta de esta sociedad: están perdiendo su racionalidad y contenido tradicionales.” (Marcuse, 1968:23)
Parte del funcionamiento de esta libertad ilusoria se da en el momento en el que la sociedad industrial avanzada ofrece a los individuos los medios para satisfacer sus necesidades. Marcuse nos dice que dichas necesidades son creaciones del mismo sistema que responden a su mantenimiento, pero que en realidad son aspiraciones banales y superfluas, por ello las llama necesidades falsas.
“Una sociedad que parece cada día más capaz de satisfacer las necesidades de los individuos por medio de la forma en que esta organizada, priva a la independencia de pensamiento, a la autonomía y al derecho de oposición política de su función crítica básica.” (Marcuse, 1968:23)
Marcuse habla acerca de las necesidades, y nos dice, que la satisfacción de las necesidades humanas, más allá del carácter biológico, nos es precondicionada por el sistema, ya que son las instituciones y las clases poderosas quienes establecen que es lo deseable y necesario, según corresponda a sus intereses. Por ello Marcuse explica que las necesidades humanas son necesidades históricas, ya que funcionan como un medio represivo que impone la clase en el poder según exige su sostenimiento y desarrollo. Dichas necesidades, las necesidades falsas, se les imponen a los individuos para su represión, y responden a los intereses particulares de la clase dominante. Marcuse también plantea que gracias a la reproducción de estas necesidades falsas se perpetua el esfuerzo, la agresividad, la miseria y la injusticia, ya que ofrece a los sujetos una satisfacción artificial, que le proporciona una felicidad falsa y les impide tomar conciencia del verdadero funcionamiento del sistema.
“Su satisfacción puede ser de lo más grata para el individuo, pero esta felicidad no es una condición que deba ser mantenida y protegida si sirve para impedir el desarrollo de la capacidad de reconocer la enfermedad del todo y de aprovechar las posibilidades de curarla. El resultado es, en este caso, la euforia dentro de la infelicidad.” (Marcuse, 1968:27)
Las necesidades falsas predominan en la sociedad actual, conllevan a la represión y se mantienen gracias a la ignorancia y al derrotismo. Marcuse propone que debe ser eliminado el interés de satisfacer dichas necesidades en los individuos, cambiar su satisfacción por su liberación. Para Marcuse las únicas necesidades que merecen ser satisfechas en toda condición son las vitales, pero finalmente es tarea de cada sujeto responderse a sí mismo ¿cuáles son mis necesidades verdaderas y cuales mis necesidades falsas?, lo cual lo podrán lograr solamente si tienen la libertad de responder con su propia conciencia, ya que mientras sigan viviendo bajo la manipulación del sistema, la respuesta que se ofrezcan a sí mismos será la respuesta de la misma hegemonía.
Marcuse también nos habla de la libertad como un poderoso instrumento de dominación, ya que en este sistema de una totalidad represiva, se les hace creer a los sujetos que son ellos quienes disponen libremente de el que desear y como conseguirlo, pero en realidad detrás de dicho modelo de aparente libertad se oculta un gran sistema de control totalitario. Se puede elegir, pero solamente entre aquello que el sistema te ofrece.
“Escoger libremente entre una amplia variedad de bienes y servicios no significa libertad si estos bienes y servicios sostienen controles sociales sobre una vida de temor y de esfuerzo, esto es, si sostienen la alineación. Y la reproducción espontánea, por los individuos, de necesidades superimpuestas no establece la autonomía; sólo prueba la eficacia de los controles”. (Marcuse, 1968:29)
Gracias a la libertad falsa que ofrece la civilización industrial avanzada, donde se presenta como racional lo irracional, se vuelve dudosa hasta la noción misma de alineación, ya que, como lo plantea Marcuse, los individuos encuentran su alma en sus pertenencias, el control social esta tan perfectamente disfrazado por las nuevas necesidades que cada vez se ha tornado mas difícil conseguir la verdadera libertad. De este modo, hasta la libertad interior, que Marcuse define como el espacio privado en el cual el hombre puede convertirse en sí mismo, ha sido invadida y limitada por la libertad tecnológica, de este modo los individuos se identifican y definen su existencia de acuerdo a la sociedad impuesta, y así su falsa conciencia se vuelve para sí mismos en una conciencia verdadera.
Con el control total de su pensamiento, con su adoctrinamiento y la reproducción de una falsa conciencia, los individuos conciben a la manipulación de los productos y la publicidad como una forma de vida, cuyo sentido tiene respuesta en el discurso que ofrece la hegemonía, y así es como la racionalidad del sistema los define, los vuelve unidimensionales.
“De esta manera surge el modelo de pensamiento y conducta unidimensional en el que ideas, aspiraciones y objetivos, que trascienden por su contenido el universo establecido del discurso y la acción, son o rechazados o reducidos a los términos de este universo.” (Marcuse, 1968:34)
Para concluir con la propuesta de Marcuse en torno a las necesidades falsas, sería adecuado plantear que es urgente el cuestionamiento personal y colectivo de nuestra sociedad actual, la cual después de cuarenta años de los escritos de Marcuse, ha desarrollado y disfrazado de una forma aún más compleja las nuevas formas de control. Es indispensable preguntarnos ¿Cuáles son las nuevas necesidades falsas? Y ¿Hasta que punto están tan arraigadas en nuestra cotidianidad que nos es imposible ser conscientes de ellas? Ahora más que nunca la enajenación y la alienación del hombre se reproducen constantemente, hasta el punto de transformar las relaciones sociales y tornar incuestionables las relaciones de producción.
häBläNdÔ SÔbRë Lukacs

LA CONCIENCIA y LUKACS
“No es la conciencia la que determina el ser social, si no que es el ser social el que determina la conciencia”.
Lukacs pensaba que la transformación no se daría participando en la democracia burguesa, por ello expone un desacuerdo con los partidos, su propuesta para la trasformación era a partir de una visión teórica para lograr la conciencia de clase. Por ello hace una crítica a los modelos marxistas hechos hasta el momento ya que considera que carecen de una visión teórica. Lukács afirma que es indispensable la construcción de mediaciones para poder comprender la relación, lo que significa lograr que los conceptos abstractos puedan ser entendidos en sucesos concretos.
Sobre el marxismo, el autor escribe, que tiene dos dimensiones: una es la filosofía social, otra una forma de abordar la naturaleza, de modo que Lukács se inclinará por la segunda. Abordar a la naturaleza a través del marxismo significa entender la importancia de conocer a los hombres El método que permite conocer a los seres humanos es “el materialismo histórico”, y es que el hecho de conocer al ser humano proporciona fuerza para la lucha del proletariado, ya que se logra una vinculación entre el conocimiento y la lucha, dada a través de la conciencia.
Para Lukács la teoría se debe aferrar a las masas, ya que debe de dirigirse a ellas así como tratar de tener efectos en sus acciones, ya que de lo contrario no tiene sentido hacer teoría si no tiene relación e impacto con las masas. Para lograr una teoría vinculada y comprometida es necesario tener presente la relación teoría-práctica, la cual según Lukács logra su conexión a través de la conciencia. Lukács expresa que para que la teoría realmente cumpla con una función revolucionaria debe conocer las condiciones objetivas para la lucha, así como a la sociedad a la cual pretende impactar, al mismo tiempo que sea una teoría comunicable y fluida para las masas , pero sobre todo que pretenda transformar la realidad. Así cuando se logra la relación teoría-práctica se logra potenciar la subversión del proletariado.
“En este sentido, las propuestas zapatistas engarzan teoría y práctica, contribuyen a la reflexión teórica y el debate colectivo, al tiempo que coadyuvan a la recomposición y reorganización de la izquierda y el movimiento social planetario. Hay que revisar a detalle los numerosos tomos en que se han convertido los innumerables comunicados para descubrir elementos que parten del conocimiento profundo de la vida concreta de las comunidades zapatistas de Chiapas, pero no deja de articularse con los procesos más generales que atraviesan la realidad mexicana, y más todavía, la realidad del mundo”. (Arturo Anguiano, 2004: 50)
Otra parte indispensable para Lukács es lograr vincular el conocimiento con la totalidad, de modo que para él la totalidad implica explicar un fenómeno a partir de distintas disciplinas, dando respuesta al ¿qué sucede? y ¿cómo sucede?, partiendo de todas las posibles determinaciones naturales inmediatas. Para lograr esa vinculación con la totalidad es necesario generar conocimiento en relación al movimiento de la realidad, reformulando conceptos permanentemente según las nuevas condiciones históricas. La importancia de captar el movimiento de la realidad recae en la necesidad de una transformación, por ello se deben descubrir las contradicciones históricas, ya que son las que generan dicho movimiento. Para Lukács entender la totalidad es una forma de reconocer los factores que intervienen en los distintos fenómenos. Dichos fenómenos articulan a través de las relaciones sociales, ya que son el resultado de una producción y constante reproducción social. De este modo el hecho de romper con esta constante reproducción significa lograr la transformación de la realidad, siendo un momento determinante en la historia. Una vez más Lukács expresa la necesidad de la conciencia, ya que dicho momento sólo se logra una vez que la conciencia es llevada a la acción.
Lukács nos dice que dentro de la cotidianidad asumimos un mundo sin contradicciones, actuando con una falsa conciencia. La falsa conciencia es aquella que genera la clase burguesa y transmite a la clase oprimida a través de un discurso que justifica su poder, imponiendo una visión del mundo que describe como “normal” el sistema de clases así como la explotación y la dominación de una clase sobre otra. Cada momento histórico genera su propia falsa conciencia, por ello se debe de analizar a partir de un momento histórico específico. La falsa conciencia es clave para la acción política, ya que la clase que crea su discurso tiene el poder de movilizar a las otras clases, de este modo la sociedad mantiene oculta la realidad alimentando a las masas con una falsa conciencia, lo cual mantiene vivo al sistema capitalista. La burguesía, a través de la falsa conciencia, pretende hacerle creer a las clases oprimidas que el estado no es un estado de clases, si no que es producto de la elección de la mayoría. El poder del discurso que lleva consigo la falsa conciencia ha logrado convencer a las masas, e incluso justificar y defender la sociedad de clases.
“Las políticas culturales implementadas desde el poder, tienen como uno de sus objetivos introducirse y controlar los espacios y medios culturales. En este sentido los medios de comunicación juegan un papel central, ya que, por un lado, como “fábrica de sueños”, tratan de mostrar que el mundo de las mercancías es el mejor y único posible, que la única libertad es la de vender y comprar para satisfacer las necesidades creadas por el mismo capital, y por otro, ocultan el despojo y la explotación”. (Aída Analco, 2005: 35)
“En la televisión mundial, el canal uno, único y eterno del neoliberalismo, presenta una imagen repetida hasta el vómito: el rico es rico porque así lo quiso el destino, dios o la herencia; y en cambio, el pobre es pobre porque quiere ser pobre. Así el rico debe sufrir la dictadura del destino y “padecer”, sin poder oponerse, toda una vida de lujos e impunidades; mientras el pobre disfruta de la libertad de elegir ser pobre, y no tiene que sujetarse a nada... porque nada tiene. (...) esta es la cantaleta que nos inculcan, de muchas formas y a todas horas: “No puedes ser como nosotros, pero en cambio, tienes la libertad de intentar parecerte a nosotros. Puedes elegir cantar, bailar, hacer el amor como nosotros. Pero sobre todo debes elegir pensar como nosotros””.(Subcomandante Marcos, 2004)
La conciencia de clase es, según Lukács, una reacción racionalmente adecuada que se atribuye a una situación en el proceso de producción. Quien realmente logra la conciencia de clase, reconoce a través de la reflexión su condición de clase, asume su papel de clase explotada, de modo que entiende que es sujeto y objeto del devenir histórico, lo cual significa que es producto de la historia, pero al mismo tiempo tiene la cualidad de ser productor de la historia. Lukács afirma que para pasar de la falsa conciencia a la verdadera conciencia de clases es necesaria la voluntad.
Es el proletariado quien realmente puede lograr la conciencia de clase, ya que su existencia es la primera contradicción del capitalismo. Para Lukács los únicos que pueden lograr una visión completa de la sociedad son los proletarios, ya que son quienes tienen la necesidad de liberarse, liberarse de las condiciones de explotación y miseria en que los coloca el capitalismo, dejar de ser objetos y recuperar su cualidad de humanos. Es la clase proletaria quien debe abolir las condiciones que la oprimen, desaparecer a la misma clase oprimida. Por ello es necesario que el proletario conozca su realidad, la explique y sobre todo actué para transformarla.
La conciencia es fundamental para la lucha. Para Lukács el despertar de la conciencia va traer consigo la acción con un corte moral, ya que una vez que se descubre la realidad es imposible no sentir la necesidad de cambiar sus contradicciones, de transformar el mundo. En la lucha no se debe de perder vista el fin específico: desaparecer las clases, ya que la lucha del proletariado no es contra el capital, si no contra la sociedad de clases. Lukács expresa que es indispensable conectar las pequeñas luchas con la totalidad, con el fin de transformar la realidad.
“Cualquier palabra que esté inscrita en un movimiento anticapitalista en contra de la explotación es la que queremos escuchar (...) La Sexta plantea una concepción de la realidad, una idea de lo que es el mundo y el país. Esta idea es también una toma de posición: esto soy en este lugar, en este tiempo, con esta experiencia. (...) Suponemos que comparten la totalidad de esa idea sobre el mundo y agregan la de su respectivo horizonte... el reconocimiento de la explotación, el desprecio y la represión, así como el reconocimiento de otras resistencias y rebeldías. (...) La marcha de los explotados de empieza a organizar, se forman ya los primeros contingentes y se escucha el rumor de la otra tormenta ...” (Subcomandante Marcos, 2005)
Lukács define como clase para sí a aquélla que logra aterriza su conciencia más allá de un movimiento utópico, más allá de los ideales, si no que actúa en lo real y pretende transformar la sociedad de clase. Esto nos remite a la idea de que la acción de clase debe de articularse a la acción inmediata. Desde el momento que Lukács hizo públicas sus ideas lanzo una convocatoria al mundo: liberar al proletariado, acabar con la sociedad de clases, lograr una sociedad genérica, salvar al género humano... transformar el mundo.
“Como lo dice la Primera Declaración de la Realidad, el Poder nos ha vendido como cierta una mentira, la mentira de nuestra derrota. Sin importarle mucho el derrotarnos de hecho, el Poder se ha dedicado a hacernos creer que estamos derrotados. ¿Quiénes? Nosotros, ustedes, todos los que pensamos que es posible y necesario un mundo donde la democracia, la libertad y la justicia abandonen su cómodo lugar de utopías y bibliotecas y se vengan a vivir (y a luchar, que es una forma hermosa de vivir) con nosotros. El Poder ha construido la mentira de su victoria.” (Priscila Pacheco, 2005: 42)
“Nuestra historia común es que, donde alguien dice “Mando y domino”, nosotros, ustedes, decimos “Resisto y me rebelo””
häBläNdÔ SÔbRë Gramsci
EL PENSAMIENTO DE GRAMSCI MÁS ALLÁ DE LOS CONCEPTOS
Antonio Gramsci, uno de los autores tradicionales del pensamiento marxista, nació en Ales en 1891, su infancia fue dura, ya que por la pobreza de su familia él y sus seis hermanos tuvieron que trabajar desde una edad muy temprana. Aparte de la fatiga que la jornada laboral le traía al pequeño Gramsci, siempre padeció de dolores intensos debido a una malformación física que lo mantenía en un estado delicado de salud. A pesar de ello Gramsci siempre encontró disposición para los estudios y así en 1911 obtuvo el título de bachiller con el que ingreso a la Facultad de Letras de la Universidad de Turín. Al momento que Gramsci vivía en Turín de forma miserable, conservando sus estudios gracias a una beca, inicio su acercamiento con el movimiento obrero turinés. Después de pocos meses de estancia en Turín se afilio a la agrupación socialista local. En 1914 es cuando Gramsci se decide por completo a la vida revolucionaria, y así durante la Guerra su actividad política aumenta con intensidad. Gramsci empieza a conocer por medio de publicaciones ilegales las posiciones de Lenin y de los bolcheviques. En 1919 con la publicación de L’Ordine nuovo se inicia el periodo de madurez en Gramsci, al mismo tiempo que L’Ordine nuovo se convierte en el centro del movimiento obrero turinés.
Durante el II Congreso del Partido Comunista Italiano, en 1922, Gramsci es enviado a Moscú en calidad de representante del Partido en la Internacional Comunista. En 1924 regresa a Italia donde retoma su puesto de trabajo y de lucha, dando el primer golpe al bordiguismo en la conferencia ilegal del Partido celebrada en Como, ganando al Partido y planteando la política de unidad de todas las fuerzas progresivas contra el fascismo. La actividad de Gramsci continua en L’Unitá, en el parlamento y sobre todo en las organizaciones del Partido. Pero el 8 de noviembre de 1926 Gramsci es arrestado y encarcelado por la policía fascista, dando inicio a el último periodo de su vida. “(...) apartado de la realidad y de la vida política, disponiendo de pocos libros y revistas, dedica algunos años a la meditación, a la construcción de ese monumento del pensamiento, su obra “Los Cuadernos de la Cárcel””.(Riuniti, 1967: 17).
Así, Gramsci murió el 27 de abril de 1937 en Roma, una semana después de que acababa de cumplir su condena. Gracias a los escritos que realizo Gramsci durante su encierro, su pensamiento y el objetivo de la lucha a la que él se entrego, fueron más allá de sus anotaciones, y así a partir de publicaciones como“Los cuadernos de la Cárcel”, es posible analizar la realidad con una perspectiva marxista distinta, cuyos planteamientos son acordes a las contradicciones de nuestro mundo contemporáneo.
Si nos diéramos a la tarea de aterrizar los principales conceptos usados por Gramsci a una serie de casos concretos de nuestra realidad sería idóneo iniciar con el término de Hegemonía. La Hegemonía es para Gramsci la capacidad que tiene una clase de dominar a otra. Al hablar de hegemonía es necesario reconocer las relaciones de poder, entre ellas las relaciones productivas, políticas o incluso eclesiásticas, las cuales se mantienen a través de una alianza con el estado. De este modo la clase hegemónica se fortalece por medio de un acuerdo, donde ambas partes, burguesía y estado desempeñan acciones cuyo objetivo es mantener su liderazgo sobre la clase dominada. Por un lado el Estado se encarga de conservar pasivas a las masas llevando un pacto implícito con la población al proporcionarles seguridad y salud pública, facilidades de vivienda, programas de asistencia social, y sobre todo por medio del concepto de democracia, donde se le hace creer al ciudadano que realiza un ejercicio justo y libre por el que elige a sus gobernantes, pero en realidad termina siendo un acuerdo más de la clase poderosa.. Por otro lado la burguesía se encarga de construir un sistema de explotación disfrazado bajo una estructura ideológica que produce y reproduce una visión del mundo que no da cabida a la conciencia y a la reflexión de las condiciones de clase.
De esta forma podemos percibir que en nuestra realidad, nuestro México actual, si existe una clase hegemónica, pero ¿quiénes son los que la componen? Primeramente aquellos que poseen el poder, que en los mismos términos de Gramsci podemos describir como la burguesía y el Estado. Además de pensar en nuestros gobernantes o empresarios, como país subdesarrollado, debemos ver a la hegemonía que nos domina como una hegemonía mundial, compuesta por los dueños de los grandes capitales extranjeros, los cuales a través de acuerdos con el Estado y los capitalistas nacionales llegan a controlar a las clases oprimidas.
“(...) se explica que el sistema social que opera actualmente es el capitalismo, cuya base fundamental es la desigualdad generada a partir de la relación con el capital. (...) La forma que toma en nuestros días es la conocida como Globalización Neoliberal. La globalización se caracteriza por que los capitalistas, entiéndase los que ostentan el poder, buscan controlar no sólo un país o un conjunto de países, si no que quieren tener bajo su control todo el mundo, todos los países, todas las personas, todos los recursos y todas las producciones locales de esos países para utilizarlos, explotarlos y venderlos según su conveniencia". (Fenoglio, 2005: 29)
Para que sea funcional la llamada Globalización Neoliberal, es necesario que la clase hegemónica mantenga constantes sus alianzas, ya sea por medio de relaciones económicas, así como por medio de acuerdos con aquellos que conservan el poder político y social. No obstante, las relaciones de fuerza que se dan dentro de la clase hegemónica no son suficientes para mantener su condición de clase dominante, además de ello les es necesario crear un discurso que justifique su posición en el poder.
Al hablar del discurso que genera la hegemonía, estamos hablando de lo que Gramsci llama Ideología. La ideología es una visión del mundo. Para Gramsci la clase hegemónica crea una estructura ideológica, la cual reproduce mediante aparatos ideológicos, cuyo objetivo es el sometimiento de la clase dominada, creándole una barrera para que los sujetos no alcancen la conciencia de clase. Aquellos que se encargan de transmitir y reproducir dicha ideología son los llamados intelectuales. (En realidad el concepto de intelectual en Gramsci es mucho más amplio, pero de principio solo lo usaremos para considerar a aquellos que transmiten la ideología) De principio habría de entender que en nuestra realidad si existe una ideología impuesta por la hegemonía, prueba de ello es la obvia apatía política entre los jóvenes, los prejuicios y acciones por las que se reproduce la exclusión y discriminación, así como la segregación social, la falta de organización y expresión entre las clases oprimidas. Algunas características del discurso ideológico latente son: el modelo de un “hombre emprendedor” cuyo perfil exige que seas un hombre, blanco, heterosexual, con amplias relaciones económicas, devoto, que vele por el orden, la familia, la moral, dejando totalmente excluidos a aquell@s que son, homosexuales, mujeres, indígenas, ateos, pobres, entre muchos otros. Así el ideal de “ser” que se impone a las masas es este modelo de individuo. A parte de ello la ideología hegemónica nos transmite valores como la competencia, el individualismo y el consumo.
“Durante nuestra incorporación a la sociedad el Estado y el capital, a través de la educación, la mercadotecnia, las modas, la informática, por mencionar algunos, se desempeña en “igualarnos”, homogeneizarnos, volvernos idénticos a todos bajo el régimen que los que ostentan el poder consideran pertinente, es decir nos tratan de amoldar según sus necesidades. Por ello dentro de los lineamientos básicos de esta nueva cara del capitalismo está el eliminar a los diferentes, a los “otros”, y lograr que todos, en cualquier parte del mundo, funcionen, piensen y actúen de la misma manera, puesto que así los seres humanos serían títeres fáciles de conducir para utilizarlos para los fines establecidos por el poder.” (Fenoglio, 2005: 29)
Pero ¿quiénes son aquellos que transmiten la ideología hegemónica?, ¿quiénes son los intelectuales de la clase en el poder? Aquellos que dan inicio a la reproducción de la ideología son quienes dentro de un aparato ideológico, como puede ser la escuela, la iglesia, el sindicato, o incluso, los medios de comunicación, dirigen un discurso a las masas. En la realidad de América Latina, uno de estos intelectuales cuyo poder ha sido de gran ayuda para el mantenimiento del sistema son los clérigos. Gran parte de la moral de los pueblos latinoamericanos, incluso su cotidianidad, su cultura y tradiciones esta fuertemente influenciada por la religión católica, de modo que la Iglesia mantiene con fuerza el poder de su estructura, gracias a su astuta forma de control, cuya ideología proporciona respuestas inmediatas y divinas a las condiciones de clase, y prohíbe el cuestionamiento y razonamiento de la realidad y del sistema.
“La lucha contra la religión, es pues, indirectamente, la lucha contra el otro mundo del cual la religión es el aroma espiritual. La miseria religiosa es a la vez expresión de la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el alma de un mundo sin corazón, lo mismo que es el espíritu de situaciones desprovistas de espíritu. Es el opio del pueblo.” (Marx, 1983: 378)
En México, sin duda la Iglesia ha tomado un papel de carácter protagónico en nuestra sociedad, fundamentalmente en materia política, como en la propagación de mensajes con fines políticos o su alianza con el presente Estado conservador.
“Varios de los pensadores de la época moderna, con variaciones en sus análisis, otorgaban una función social a la religión, si bien comprendían ésta como una justificación ideológica del Estado, o un elemento imprescindible para la cohesión social.”(Gómez Hinojosa, 1997: 40)
Otro de los aparatos ideológicos más impactantes en la población cuya visión del mundo transmitida es difícil de reordenar es la escuela. Para Gramsci dentro del aula de clases el papel de intelectuales lo desarrollarían los profesores, y las masas que reciben el discurso hegemónico serían los alumnos. Al considerar que dentro del proceso educativo existe implícito un discurso hegemónico podemos retomaran los escritos de Paulo Freire sobre “La pedagogía del oprimido”. Para Freire la llamada concepción bancaria de la educación, es aquella concepción tradicional de la educación, la cual se caracteriza por el magistrocentrismo, el castigo, la disciplina y el enciclopedismo. De esta forma dentro del aula de clases la relación educador-educandos se torna una relación opresor-oprimidos, de modo que los mecanismos de control impuestos impiden que el alumno desarrolle su creatividad, su conciencia crítica, así como la espontaneidad de su pensamiento y el interés en la búsqueda del conocimiento. Este tipo de educación tiene la finalidad de preparar a los educandos de modo que puedan adaptarse al orden establecido, creándoles un conocimiento fragmentario del mundo, lo cual les impida interpretar el contexto de su realidad y buscar transformar las contradicciones de ésta. Esta es la pedagogía de las clases dominantes, y es por medio de ella que reproducen su ideología, y es gracias a ella como, en vez de formar sujetos que se descubran como intelectuales y se alimenten de conocimiento multidisciplinario, forman una masa que sirve como mano de obra.
Por ello para Gramsci la escuela es un instrumento para formar intelectuales de diverso grado, y así, según el lugar que clase hegemónica necesita que ocupen, se les proporcionará uno u otro nivel de conocimiento empapado de su ideología.
A pesar de las contradicciones que disfraza la ideología hegemónica, Gramsci nos dice que todos los hombres son intelectuales, pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales. Por ello es necesario que los sujetos se reconozcan en la realidad, reordenen su visión del mundo, logren la conciencia, y una vez que descubran su condición de clase explotada, se reorganicen en la lucha y entiendan sus problemas no de forma individual, si no colectiva, para que por medio de un movimiento social logren la trasformación de la sociedad.


