lunes, noviembre 30, 2009

häBläNdÔ SÔbRë Marcuse

Marcuse y una Libertad Falsa

Herbert Marcuse en su Teoría Crítica plantea que la sociedad, esta sociedad industrial avanzada, se mueve y funciona gracias a la racionalidad técnica, racionalidad cuya importancia central es la producción, hombres que sepan producir, dónde se suprime la individualidad en el proceso de mecanización.. Para Marcuse dicha lógica, nos lleva a la destrucción de la naturaleza, de la misma humanidad, ya que controla a tal grado a la sociedad que vuelve a los hombres unidimensionales.


“Esta sociedad es irracional como totalidad. Su productividad destruye el libre desarrollo de las necesidades y facultades humanas, su paz se mantiene mediante la constante amenaza de guerra, su crecimiento depende de la represión de las verdaderas posibilidades de pacificar la lucha por la existencia en el campo individual, nacional e internacional.” (Marcuse, 1968:12)


Por medio de la racionalidad tecnológica el progreso técnico se extiende hasta el punto de ser un sistema de dominación y coordinación que le ofrece a la sociedad distintas formas de vida que derrotan a todo aquel que se opone al sistema, ya que la supuesta libertad que ofrece mantiene inmersos a los sujetos en comodidades y anhelos que les impiden ser concientes de su condición y darse cuenta que en realidad no son libres.


“Una ausencia de libertad cómoda, suave, razonable y democrática, señal del progreso técnico, prevalece en la civilización industrial avanzada.(...) Los derechos y libertades que fueron factores vitales en los orígenes y etapas tempranas de la sociedad industrial se debilitan en una etapa más alta de esta sociedad: están perdiendo su racionalidad y contenido tradicionales.” (Marcuse, 1968:23)


Parte del funcionamiento de esta libertad ilusoria se da en el momento en el que la sociedad industrial avanzada ofrece a los individuos los medios para satisfacer sus necesidades. Marcuse nos dice que dichas necesidades son creaciones del mismo sistema que responden a su mantenimiento, pero que en realidad son aspiraciones banales y superfluas, por ello las llama necesidades falsas.


“Una sociedad que parece cada día más capaz de satisfacer las necesidades de los individuos por medio de la forma en que esta organizada, priva a la independencia de pensamiento, a la autonomía y al derecho de oposición política de su función crítica básica.” (Marcuse, 1968:23)


Marcuse habla acerca de las necesidades, y nos dice, que la satisfacción de las necesidades humanas, más allá del carácter biológico, nos es precondicionada por el sistema, ya que son las instituciones y las clases poderosas quienes establecen que es lo deseable y necesario, según corresponda a sus intereses. Por ello Marcuse explica que las necesidades humanas son necesidades históricas, ya que funcionan como un medio represivo que impone la clase en el poder según exige su sostenimiento y desarrollo. Dichas necesidades, las necesidades falsas, se les imponen a los individuos para su represión, y responden a los intereses particulares de la clase dominante. Marcuse también plantea que gracias a la reproducción de estas necesidades falsas se perpetua el esfuerzo, la agresividad, la miseria y la injusticia, ya que ofrece a los sujetos una satisfacción artificial, que le proporciona una felicidad falsa y les impide tomar conciencia del verdadero funcionamiento del sistema.


“Su satisfacción puede ser de lo más grata para el individuo, pero esta felicidad no es una condición que deba ser mantenida y protegida si sirve para impedir el desarrollo de la capacidad de reconocer la enfermedad del todo y de aprovechar las posibilidades de curarla. El resultado es, en este caso, la euforia dentro de la infelicidad.” (Marcuse, 1968:27)


Las necesidades falsas predominan en la sociedad actual, conllevan a la represión y se mantienen gracias a la ignorancia y al derrotismo. Marcuse propone que debe ser eliminado el interés de satisfacer dichas necesidades en los individuos, cambiar su satisfacción por su liberación. Para Marcuse las únicas necesidades que merecen ser satisfechas en toda condición son las vitales, pero finalmente es tarea de cada sujeto responderse a sí mismo ¿cuáles son mis necesidades verdaderas y cuales mis necesidades falsas?, lo cual lo podrán lograr solamente si tienen la libertad de responder con su propia conciencia, ya que mientras sigan viviendo bajo la manipulación del sistema, la respuesta que se ofrezcan a sí mismos será la respuesta de la misma hegemonía.


Marcuse también nos habla de la libertad como un poderoso instrumento de dominación, ya que en este sistema de una totalidad represiva, se les hace creer a los sujetos que son ellos quienes disponen libremente de el que desear y como conseguirlo, pero en realidad detrás de dicho modelo de aparente libertad se oculta un gran sistema de control totalitario. Se puede elegir, pero solamente entre aquello que el sistema te ofrece.


“Escoger libremente entre una amplia variedad de bienes y servicios no significa libertad si estos bienes y servicios sostienen controles sociales sobre una vida de temor y de esfuerzo, esto es, si sostienen la alineación. Y la reproducción espontánea, por los individuos, de necesidades superimpuestas no establece la autonomía; sólo prueba la eficacia de los controles”. (Marcuse, 1968:29)


Gracias a la libertad falsa que ofrece la civilización industrial avanzada, donde se presenta como racional lo irracional, se vuelve dudosa hasta la noción misma de alineación, ya que, como lo plantea Marcuse, los individuos encuentran su alma en sus pertenencias, el control social esta tan perfectamente disfrazado por las nuevas necesidades que cada vez se ha tornado mas difícil conseguir la verdadera libertad. De este modo, hasta la libertad interior, que Marcuse define como el espacio privado en el cual el hombre puede convertirse en sí mismo, ha sido invadida y limitada por la libertad tecnológica, de este modo los individuos se identifican y definen su existencia de acuerdo a la sociedad impuesta, y así su falsa conciencia se vuelve para sí mismos en una conciencia verdadera.


Con el control total de su pensamiento, con su adoctrinamiento y la reproducción de una falsa conciencia, los individuos conciben a la manipulación de los productos y la publicidad como una forma de vida, cuyo sentido tiene respuesta en el discurso que ofrece la hegemonía, y así es como la racionalidad del sistema los define, los vuelve unidimensionales.


“De esta manera surge el modelo de pensamiento y conducta unidimensional en el que ideas, aspiraciones y objetivos, que trascienden por su contenido el universo establecido del discurso y la acción, son o rechazados o reducidos a los términos de este universo.” (Marcuse, 1968:34)

Para concluir con la propuesta de Marcuse en torno a las necesidades falsas, sería adecuado plantear que es urgente el cuestionamiento personal y colectivo de nuestra sociedad actual, la cual después de cuarenta años de los escritos de Marcuse, ha desarrollado y disfrazado de una forma aún más compleja las nuevas formas de control. Es indispensable preguntarnos ¿Cuáles son las nuevas necesidades falsas? Y ¿Hasta que punto están tan arraigadas en nuestra cotidianidad que nos es imposible ser conscientes de ellas? Ahora más que nunca la enajenación y la alienación del hombre se reproducen constantemente, hasta el punto de transformar las relaciones sociales y tornar incuestionables las relaciones de producción.

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