EL PENSAMIENTO DE GRAMSCI MÁS ALLÁ DE LOS CONCEPTOS
Antonio Gramsci, uno de los autores tradicionales del pensamiento marxista, nació en Ales en 1891, su infancia fue dura, ya que por la pobreza de su familia él y sus seis hermanos tuvieron que trabajar desde una edad muy temprana. Aparte de la fatiga que la jornada laboral le traía al pequeño Gramsci, siempre padeció de dolores intensos debido a una malformación física que lo mantenía en un estado delicado de salud. A pesar de ello Gramsci siempre encontró disposición para los estudios y así en 1911 obtuvo el título de bachiller con el que ingreso a la Facultad de Letras de la Universidad de Turín. Al momento que Gramsci vivía en Turín de forma miserable, conservando sus estudios gracias a una beca, inicio su acercamiento con el movimiento obrero turinés. Después de pocos meses de estancia en Turín se afilio a la agrupación socialista local. En 1914 es cuando Gramsci se decide por completo a la vida revolucionaria, y así durante la Guerra su actividad política aumenta con intensidad. Gramsci empieza a conocer por medio de publicaciones ilegales las posiciones de Lenin y de los bolcheviques. En 1919 con la publicación de L’Ordine nuovo se inicia el periodo de madurez en Gramsci, al mismo tiempo que L’Ordine nuovo se convierte en el centro del movimiento obrero turinés.
Durante el II Congreso del Partido Comunista Italiano, en 1922, Gramsci es enviado a Moscú en calidad de representante del Partido en la Internacional Comunista. En 1924 regresa a Italia donde retoma su puesto de trabajo y de lucha, dando el primer golpe al bordiguismo en la conferencia ilegal del Partido celebrada en Como, ganando al Partido y planteando la política de unidad de todas las fuerzas progresivas contra el fascismo. La actividad de Gramsci continua en L’Unitá, en el parlamento y sobre todo en las organizaciones del Partido. Pero el 8 de noviembre de 1926 Gramsci es arrestado y encarcelado por la policía fascista, dando inicio a el último periodo de su vida. “(...) apartado de la realidad y de la vida política, disponiendo de pocos libros y revistas, dedica algunos años a la meditación, a la construcción de ese monumento del pensamiento, su obra “Los Cuadernos de la Cárcel””.(Riuniti, 1967: 17).
Así, Gramsci murió el 27 de abril de 1937 en Roma, una semana después de que acababa de cumplir su condena. Gracias a los escritos que realizo Gramsci durante su encierro, su pensamiento y el objetivo de la lucha a la que él se entrego, fueron más allá de sus anotaciones, y así a partir de publicaciones como“Los cuadernos de la Cárcel”, es posible analizar la realidad con una perspectiva marxista distinta, cuyos planteamientos son acordes a las contradicciones de nuestro mundo contemporáneo.
Si nos diéramos a la tarea de aterrizar los principales conceptos usados por Gramsci a una serie de casos concretos de nuestra realidad sería idóneo iniciar con el término de Hegemonía. La Hegemonía es para Gramsci la capacidad que tiene una clase de dominar a otra. Al hablar de hegemonía es necesario reconocer las relaciones de poder, entre ellas las relaciones productivas, políticas o incluso eclesiásticas, las cuales se mantienen a través de una alianza con el estado. De este modo la clase hegemónica se fortalece por medio de un acuerdo, donde ambas partes, burguesía y estado desempeñan acciones cuyo objetivo es mantener su liderazgo sobre la clase dominada. Por un lado el Estado se encarga de conservar pasivas a las masas llevando un pacto implícito con la población al proporcionarles seguridad y salud pública, facilidades de vivienda, programas de asistencia social, y sobre todo por medio del concepto de democracia, donde se le hace creer al ciudadano que realiza un ejercicio justo y libre por el que elige a sus gobernantes, pero en realidad termina siendo un acuerdo más de la clase poderosa.. Por otro lado la burguesía se encarga de construir un sistema de explotación disfrazado bajo una estructura ideológica que produce y reproduce una visión del mundo que no da cabida a la conciencia y a la reflexión de las condiciones de clase.
De esta forma podemos percibir que en nuestra realidad, nuestro México actual, si existe una clase hegemónica, pero ¿quiénes son los que la componen? Primeramente aquellos que poseen el poder, que en los mismos términos de Gramsci podemos describir como la burguesía y el Estado. Además de pensar en nuestros gobernantes o empresarios, como país subdesarrollado, debemos ver a la hegemonía que nos domina como una hegemonía mundial, compuesta por los dueños de los grandes capitales extranjeros, los cuales a través de acuerdos con el Estado y los capitalistas nacionales llegan a controlar a las clases oprimidas.
“(...) se explica que el sistema social que opera actualmente es el capitalismo, cuya base fundamental es la desigualdad generada a partir de la relación con el capital. (...) La forma que toma en nuestros días es la conocida como Globalización Neoliberal. La globalización se caracteriza por que los capitalistas, entiéndase los que ostentan el poder, buscan controlar no sólo un país o un conjunto de países, si no que quieren tener bajo su control todo el mundo, todos los países, todas las personas, todos los recursos y todas las producciones locales de esos países para utilizarlos, explotarlos y venderlos según su conveniencia". (Fenoglio, 2005: 29)
Para que sea funcional la llamada Globalización Neoliberal, es necesario que la clase hegemónica mantenga constantes sus alianzas, ya sea por medio de relaciones económicas, así como por medio de acuerdos con aquellos que conservan el poder político y social. No obstante, las relaciones de fuerza que se dan dentro de la clase hegemónica no son suficientes para mantener su condición de clase dominante, además de ello les es necesario crear un discurso que justifique su posición en el poder.
Al hablar del discurso que genera la hegemonía, estamos hablando de lo que Gramsci llama Ideología. La ideología es una visión del mundo. Para Gramsci la clase hegemónica crea una estructura ideológica, la cual reproduce mediante aparatos ideológicos, cuyo objetivo es el sometimiento de la clase dominada, creándole una barrera para que los sujetos no alcancen la conciencia de clase. Aquellos que se encargan de transmitir y reproducir dicha ideología son los llamados intelectuales. (En realidad el concepto de intelectual en Gramsci es mucho más amplio, pero de principio solo lo usaremos para considerar a aquellos que transmiten la ideología) De principio habría de entender que en nuestra realidad si existe una ideología impuesta por la hegemonía, prueba de ello es la obvia apatía política entre los jóvenes, los prejuicios y acciones por las que se reproduce la exclusión y discriminación, así como la segregación social, la falta de organización y expresión entre las clases oprimidas. Algunas características del discurso ideológico latente son: el modelo de un “hombre emprendedor” cuyo perfil exige que seas un hombre, blanco, heterosexual, con amplias relaciones económicas, devoto, que vele por el orden, la familia, la moral, dejando totalmente excluidos a aquell@s que son, homosexuales, mujeres, indígenas, ateos, pobres, entre muchos otros. Así el ideal de “ser” que se impone a las masas es este modelo de individuo. A parte de ello la ideología hegemónica nos transmite valores como la competencia, el individualismo y el consumo.
“Durante nuestra incorporación a la sociedad el Estado y el capital, a través de la educación, la mercadotecnia, las modas, la informática, por mencionar algunos, se desempeña en “igualarnos”, homogeneizarnos, volvernos idénticos a todos bajo el régimen que los que ostentan el poder consideran pertinente, es decir nos tratan de amoldar según sus necesidades. Por ello dentro de los lineamientos básicos de esta nueva cara del capitalismo está el eliminar a los diferentes, a los “otros”, y lograr que todos, en cualquier parte del mundo, funcionen, piensen y actúen de la misma manera, puesto que así los seres humanos serían títeres fáciles de conducir para utilizarlos para los fines establecidos por el poder.” (Fenoglio, 2005: 29)
Pero ¿quiénes son aquellos que transmiten la ideología hegemónica?, ¿quiénes son los intelectuales de la clase en el poder? Aquellos que dan inicio a la reproducción de la ideología son quienes dentro de un aparato ideológico, como puede ser la escuela, la iglesia, el sindicato, o incluso, los medios de comunicación, dirigen un discurso a las masas. En la realidad de América Latina, uno de estos intelectuales cuyo poder ha sido de gran ayuda para el mantenimiento del sistema son los clérigos. Gran parte de la moral de los pueblos latinoamericanos, incluso su cotidianidad, su cultura y tradiciones esta fuertemente influenciada por la religión católica, de modo que la Iglesia mantiene con fuerza el poder de su estructura, gracias a su astuta forma de control, cuya ideología proporciona respuestas inmediatas y divinas a las condiciones de clase, y prohíbe el cuestionamiento y razonamiento de la realidad y del sistema.
“La lucha contra la religión, es pues, indirectamente, la lucha contra el otro mundo del cual la religión es el aroma espiritual. La miseria religiosa es a la vez expresión de la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el alma de un mundo sin corazón, lo mismo que es el espíritu de situaciones desprovistas de espíritu. Es el opio del pueblo.” (Marx, 1983: 378)
En México, sin duda la Iglesia ha tomado un papel de carácter protagónico en nuestra sociedad, fundamentalmente en materia política, como en la propagación de mensajes con fines políticos o su alianza con el presente Estado conservador.
“Varios de los pensadores de la época moderna, con variaciones en sus análisis, otorgaban una función social a la religión, si bien comprendían ésta como una justificación ideológica del Estado, o un elemento imprescindible para la cohesión social.”(Gómez Hinojosa, 1997: 40)
Otro de los aparatos ideológicos más impactantes en la población cuya visión del mundo transmitida es difícil de reordenar es la escuela. Para Gramsci dentro del aula de clases el papel de intelectuales lo desarrollarían los profesores, y las masas que reciben el discurso hegemónico serían los alumnos. Al considerar que dentro del proceso educativo existe implícito un discurso hegemónico podemos retomaran los escritos de Paulo Freire sobre “La pedagogía del oprimido”. Para Freire la llamada concepción bancaria de la educación, es aquella concepción tradicional de la educación, la cual se caracteriza por el magistrocentrismo, el castigo, la disciplina y el enciclopedismo. De esta forma dentro del aula de clases la relación educador-educandos se torna una relación opresor-oprimidos, de modo que los mecanismos de control impuestos impiden que el alumno desarrolle su creatividad, su conciencia crítica, así como la espontaneidad de su pensamiento y el interés en la búsqueda del conocimiento. Este tipo de educación tiene la finalidad de preparar a los educandos de modo que puedan adaptarse al orden establecido, creándoles un conocimiento fragmentario del mundo, lo cual les impida interpretar el contexto de su realidad y buscar transformar las contradicciones de ésta. Esta es la pedagogía de las clases dominantes, y es por medio de ella que reproducen su ideología, y es gracias a ella como, en vez de formar sujetos que se descubran como intelectuales y se alimenten de conocimiento multidisciplinario, forman una masa que sirve como mano de obra.
Por ello para Gramsci la escuela es un instrumento para formar intelectuales de diverso grado, y así, según el lugar que clase hegemónica necesita que ocupen, se les proporcionará uno u otro nivel de conocimiento empapado de su ideología.
A pesar de las contradicciones que disfraza la ideología hegemónica, Gramsci nos dice que todos los hombres son intelectuales, pero no todos los hombres tienen en la sociedad la función de intelectuales. Por ello es necesario que los sujetos se reconozcan en la realidad, reordenen su visión del mundo, logren la conciencia, y una vez que descubran su condición de clase explotada, se reorganicen en la lucha y entiendan sus problemas no de forma individual, si no colectiva, para que por medio de un movimiento social logren la trasformación de la sociedad.

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