
viernes, diciembre 11, 2009
viernes, diciembre 04, 2009
häBläNdÔ SÔbRë Zizek
Zizek: ¿Pesimismo o una propuesta distinta?
En un autor tan peculiar como Slavoj Zizek podremos encontrar en sus ideas, escritas o habladas, al marxismo y al psicoanálisis unidos de las formas más inesperadas. La teoría que ha generado dicho autor, tan actual y polémico, ha sido removida de una serie de aspectos de la cultura popular de nuestros días, como el cine, o el internet al cual llama el “masturmodromo”, ya que afirma, por medio de él las personas construyen una serie de relaciones estando solas, viéndose reflejadas en una pantalla, intercambiando sentimientos y experiencias consigo mismas.
Al igual que el psicoanalista francés Lacan, Zizek coloca a lo subjetivo en tres registros de la conducta relacionados entre sí: Lo Real, Lo Imaginario y Lo simbólico. Lo Real para ZiZek no es realidad, si no hasta el momento en que le damos sentido con simbolismos, es aquello que construimos simbólicamente y que de no ser así quedaría un vacío que dejaría a la vida incompleta e inconsciente. Lo Simbólico es una construcción cultural que se logra en el momento que se adquiere el lenguaje, haciéndolo mutuamente relacional. El lenguaje obtiene sentido cuando se es dirigido a los otros, del contrario no lo tiene, del mismo modo las actitudes son simbólicas, su sentido existe cuando obtienen una respuesta de los demás que alimenta su simbolismo: “Te hace autoridad el que los otros te reconozcan como tal, si los otros no se comportan ante ti como tus súbditos tu autoridad sólo tiene un mandato simbólico”. Lo imaginario se encuentra situado al nivel de la relación con el sujeto mismo, es aquello que va más allá del lenguaje, como objetos de deseo que no podemos explicar. Es como una fantasía fundamental inaccesible a nuestra experiencia física, cuyo discurso se localiza en lo simbólico y a veces se ve reflejado en nuestros errores.
Una idea con la que Zizek destruye propuestas anteriores en el marxismo sobre una posible sociedad sin clases ni explotación, es aquella en la que afirma que “las contradicciones siempre han de existir, son parte de la sociedad”. Para Zizek los antagonismos son necesarios, son parte de la naturaleza humana y es gracias a las confrontaciones que la sociedad avanza históricamente. Como psicoanalista afirma que los sujetos estamos conformados de contradicciones, no sólo de manera externa hacia la sociedad, si no dentro de nosotros mismos. Para muchos puede sonar pesimista el pensamiento de Zizek al decir que “existen contradicciones que ya no se pueden deshacer y tenemos que aprender a vivir con ellas”. La confrontaciones son parte de los seres humanos y los ideales que nos hemos construido son para negarlas, éstas están ocultas bajo una cultura que nos muestra un mundo sin ellas.
La ilusión en Zizek es aquello que estructura la realidad y nos impide ver las contradicciones del mundo, es una fantasía que cubre lo real, al mismo tiempo que estructura el orden social y sirve para dar respuesta a nuestros miedos. Dicho término esta íntimamente ligado con el de ideología, que Zizek describe como “el sueño que elegimos vivir para huir de la realidad” La ideología es una fantasía que sostiene nuestra realidad, que nos ayuda a cubrir aquello que no soportamos del mundo. Nuestro mundo es pura ideología, afirma el autor, es aquello que disfraza los antagonismos que vivimos, esta división social que nos simboliza.
Zizek retoma al materialismo dialéctico cuando habla de las contradicciones y de ello plantea el término de paralaje. El paralaje hace referencia a la composición compleja del ser humano, formada tanto de un paraje bueno, como de un paraje malo, los cuales van y funcionan juntos. Zizek afirma que, no es que las acciones del ser humano estén bien o estén mal, si no que son resultados históricos.
Por último, es interesante la propuesta que Zizek plantea respecto a este mundo de contradicciones ocultas. Como se menciona anteriormente, para el autor las contradicciones están presentes en la sociedad porque son parte de nosotros como seres humanos y todo aquello que vivimos en la misma cotidianidad tiende a ocultar dichas contradicciones. Esto nos podría hacer pensar que entonces es imposible lograr un cambio, ya que las confrontaciones que existe en nuestra sociedad son parte de nuestra naturaleza, pero por el contrario Zizek nos dice que la lucha por un mundo mejor es válida. El creer que puede haber una mejor sociedad, más justa, es aquello que caracteriza al sujeto revolucionario, pero, advierte el autor, dicha lucha debe estar presente en nuestra vida diaria, por que es en la cotidianidad donde se encuentran las confrontaciones de clase. Nuestra única alternativa es confrontar lo que no soportamos de esta realidad, no debemos de seguir ocultándolo y evadiéndolo con un sueño, si no aquello que descubrimos como contradictorio es contra lo que debemos de luchar. Esta es una nueva alternativa de lucha, la lucha individual, donde cada uno debe de descubrir aquello que nos es insoportable, descubrirlo y confrontarlo en nuestra vida diaria. Así cada sujeto tiene sus luchas, no solo a lo externo, si no consigo mismo, pero dicha lucha es permanente porque no olvidemos que las contradicciones también lo son.
häBläNdÔ SÔbRë Althusser

Louis Althusser fue uno más de los autores influidos por el marxismo que destacaron durante el siglo XX. A pesar de haber sido católico militante una gran parte de su vida y proceder de una familia de pequeños burgueses, finalmente, influenciado por la Guerra Civil Española, la guerra contra el fascismo y el Frente Popular, término como profesor de filosofía y como miembro del Partido Comunista. No obstante, Althusser afirmaba que el socialismo en los países socialistas era un sistema disfuncional, debido a las contradicciones y deficiencias que observaba. Para él la revolución y la política eran como saber tocar el piano, tal como lo afirmaba Mao, se trataba de improvisar libremente, aprendiendo de manera autodidacta o con profesores, no en conservatorios, y había que formarse en la práctica. De este modo expresaba la importancia que le atribuía a la relación teoría y práctica.
La más grande aportación de Althusser fue su concepto de Aparatos ideológicos de Estado, los cuales tienen la función de mantener en pie el sistema de explotación por medio de la producción y reproducción de la ideología dominante, así como por la represión y la violencia. A partir de ello el término de ideología va ser indispensable en la teoría de Althusser, ya que para él guarda una estrecha relación con las relaciones de producción.
En el marxismo ortodoxo se afirmaba que la infraestructura, o sea las relaciones de producción, determina a la superestructura, o ideología, lo cual fue retomado por Althusser. Pero para el autor surge la inquietud de describir como es que surge dicha determinación, y a partir de ello es que afirma que la superestructura responde o funciona de acuerdo a la situación en la que se encuentran las relaciones de producción, o la infraestructura, logrando su relación en la reproducción. Cuando Althusser habla de reproducción, hace referencia a una reproducción histórica o ideológica, así como a una reproducción biológica de la mano de obra de la clase obrera. De esta manera funciona y se perpetua la sociedad de clases, gracias a una ideología dominante que sostiene a las relaciones de producción y explotación, y actúa de acuerdo a sus cambios y necesidades, produciendo y reproduciendo un discurso que mantiene sometida a la clase proletaria, y en un constante crecimiento de su población.
Pero ¿cómo se logra dicha producción y reproducción ideológica de que sostiene las relaciones de producción? Es por ello que Althusser habla de los Aparatos Ideológicos de Estado, cuya función es lograr la reproducción y mantener a la clase dominante en el poder, fabricando un discurso ideológico para las clases oprimidas, diciéndoles que pensar, que decir, como actuar. Dicha tarea la realizan por medio de la represión y la violencia, las cuales no siempre se manifiestan físicamente. Althusser hace una distinción entre los distintos Aparatos ideológicos de Estado, primero se encuentra los burgueses, quienes tienen el poder y por ello tienen en sus manos el Estado, son dueños del capital y son los principales interesados en sostener las relaciones de producción. Los funcionarios ideológicos son aquellos que reproducen y transmiten la ideología dominante por medio de la represión psicológica u otras formas de violencia no física, como la Iglesia o los tribunales, sacerdotes y profesores. Los agentes represores son aquellos que ejecutan, reprimen y someten bajo la fuerza y la violencia física, como lo son el ejercito y la policía. Dichos aparatos ideológicos son relativamente autónomos, guardando siempre poca o mucha relación, e incluso pueden llegar a tener choques entre sí.
Para Althusser el aparato ideológico de estado por excelencia es la escuela, ya que para la clase poderosa es el momento clave para empezar a formar a los obreros que se requieren como fuerza de trabajo. En la escuela se reproducen las condiciones de explotación, ya que se le enseña al niño a adaptarse a una disciplina, a obedecer sin protestar, a ser inferior en una jerarquía. Althusser afirma que la escuela concurre al sometimiento, al mismo tiempo que genera ideología de clase y enseña a los alumnos desde temprana edad, a ser calificados y a competir , todo esto sin ser notado y concientizado por los sujetos involucrados en la reproducción ideológica.
Sin embargo, a pesar de ser el primer espacio donde se reproduce la ideología dominante y se prepara a la clase proletaria para ser la clase explotada, la escuela también puede llegar a ser un lugar en el que se generen otras alternativas de pensamiento, otras ideologías contrarias a la ideología dominante, e incluso puede brindar un foro para la organización y la convocatoria a la lucha contra el poder. Tal es el caso de la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional, entre otras escuelas, en 1968, donde los estudiantes y la clase oprimida encontraron un espacio para organizarse y manifestarse en contra de los Aparatos Ideológicos de Estado.
“El movimiento estudiantil de 1968 será precisamente el anunciador de la decadencia del régimen político y del advenimiento de una sociedad en profunda y acelerada mutación. Sus reivindicaciones de legalidad, justicia y libertad; sus prácticas democráticas intuitivas; el despliegue de su creatividad y sus capacidades comunicativas; su autonomía; su arrojo; su acelerada politización politizante, atacarán como un ácido corrosivo la lógica despótica del poder presidencial”. (Arturo Anguiano, 2008)
En 1968 México se encontraba bajo el dominio absoluto, incuestionable y ostentoso del Estado, con Gustavo Díaz Ordaz como presidente, un extremo tradicionalista y anticomunista, la clase poderosa se veía asentada en el milagro del desarrollo estabilizador y buscaba el reconocimiento internacional organizando las primeras Olimpiadas en un país de América Latina. En este momento el funcionamiento y coordinación de los Aparatos Ideológicos de Estado era impecable, su represión y control se filtraba incluso hasta las organizaciones de obreros y campesinos, impidiendo el más mínimo brote de rebeldía. Pero los hechos ocurridos el 23 de julio en la preparatoria del IPN, cuando al final de un pleito estudiantil, agentes represores irrumpieron golpeando de forma indiscriminada y sin sentido a alumnos y profesores, dieron inicio a la organización de un verdadero movimiento estudiantil que no callaría más la represión de la época y que junto con otros sectores de la población iniciarían distintos agrupamientos y movilizaciones contra el Estado.
“Al irrumpir en la escena nacional, el movimiento estudiantil fue recuperando el espacio público, asumiendo, en la práctica, a la ciudad toda como un campo abierto a la acción y comunicación políticas. Los espacios laborales, de enseñanza, de habitación, de encuentro circunstancial, comenzaron a vivirse entonces en cuanto a lugares de convivencia, de diálogo, esto es, como espacios de la política. Sorprende la forma como la gente, los más diversos núcleos y agrupamientos sociales, fue involucrándose de mil maneras con el movimiento, el cual logró su comprensión, su solidaridad, su complicidad, en un ambiente en el que los medios de comunicación mantenían desde siempre rasgos totalitarios, sometidos a la censura estatal y la autocensura cotidiana, convenenciera, al servicio de la guerra fría, la Iglesia Católica y el régimen despótico”. (Arturo Anguiano, 2008)
Para el gobierno y la clase burguesa la manifestación y peticiones de los estudiantes y la población que se sumo al movimiento, eran incomprensibles, para el Estado dicha movilización se explicaba como producto de fuerzas extrañas, subversivas, de corte comunista y extranjero, dirigidas a los estudiantes para deshabilitar al país y sabotear las Olimpiadas. Finalmente por este u otros motivos, los Aparatos Ideológicos de Estado, entre ellos autoridades del Ejercito y fuerzas policíacas, funcionarios gubernamentales e incluso autoridades eclesiásticas, elaboraron un “un plan de agitación y subversión perfectamente planeado”, el cual acabaría como masacre.
Así el 2 de octubre de 1968 se convirtió en una clara manifestación de la represión y violencia del Estado, de la función desgarradora de sus aparatos ideológicos. Los medios de comunicación se volvieron cómplices de la masacre al maquillar y ocultar los verdaderos hechos ocurridos en Tlatelolco. El movimiento estudiantil fue una amenaza para la clase dominante, al despreciar y desenmascarar su ideología, fue una ruptura de la constante reproducción que mantiene latentes las relaciones de explotación, descubrió libertades, mostró la posibilidad de vivir la política de forma democrática e igualitaria. Pero con la misma intensidad que evoluciono y creció el movimiento, fue apagado y desmantelado.
“La revuelta estudiantil de 1968 en México se identifica, en el mundo, por la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. Más de diez mil soldados y policías realizaron una operación militar de cerco y acorralamiento, planeada desde la Presidencia de la República, contra un mitin pacífico de alrededor de seis mil personas (...) Helicópteros, oficiales encubiertos pertenecientes al Batallón Olimpia, agentes policíacos, soldados, tanques, dispararon armas de alto poder contra la multitud indefensa en un operativo que pretendió justificarse como un enfrentamiento inesperado. Sin embargo, representó un premeditado crimen de Estado, organizado hasta en sus mínimos detalles”. (Arturo Anguiano, 2008)
Actualmente, después de 41 años de la masacre del 2 de octubre, dicho crimen de Estado no ha sido juzgado, entre otros muchos, donde los agentes represores, militares y policías, justificándose a sí mismo por su ventajosa condición y su poder, han violado los derechos humanos de miles de personas, han asesinado y masacrado sin ninguna culpa, ya que al estar al servicio del Estado cuentan con su protección y solapamiento. A través de la historia la ideología dominante que nos es transmitida se ha encargado de justificar y ocultar los abusos, la represión, la explotación, y gracias a su reproducción su función ha sido exitosa. Es necesario que empecemos a cuestionarnos de que manera somos participes en dicha reproducción ideológica, de donde proviene y como quiere que actuemos y pensemos. Althusser afirma que no hay sujetos sin ideología, ya que gracias a ella nos explicamos y nos vinculamos a la sociedad, la ideología nos convierte en sujetos. ¿Qué clase de sujetos queremos ser entonces?, ¿Qué clase de ideología es necesario empezar a construir?

